Estados Unidos.- Este 11 de septiembre se cumplen 24 años de los atentados terroristas que sacudieron a Estados Unidos en 2001, cuando miembros del grupo extremista Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales y los estrellaron contra las Torres Gemelas en Nueva York, el Pentágono en Washington D.C., y un campo en Shanksville, Pensilvania.
El saldo inmediato de la tragedia fue devastador: casi 3,000 personas perdieron la vida ese día, marcando uno de los capítulos más oscuros de la historia moderna estadounidense y transformando la política de seguridad global.
Sin embargo, las consecuencias del 11S no terminaron con el colapso de las torres. En las más de dos décadas transcurridas desde entonces, miles de personas —entre rescatistas, bomberos, personal sanitario, trabajadores de limpieza y residentes del área— han desarrollado enfermedades respiratorias crónicas y diversos tipos de cáncer tras haber estado expuestos al polvo tóxico y escombros en la zona cero.
Según datos del Programa de Salud del World Trade Center, más de 120,000 personas han sido inscritas para recibir atención médica y monitoreo relacionado con condiciones provocadas por la exposición en el área del desastre.
“Los efectos del 11 de septiembre no se limitan al pasado; siguen manifestándose en miles de cuerpos y familias hoy en día”, señaló un portavoz de la Fundación para los Sobrevivientes del 11S.
En 2011, se aprobó la Ley James Zadroga, en honor a un oficial de policía que falleció a causa de una enfermedad pulmonar relacionada con el 11S. Esta legislación garantiza atención médica vitalicia y compensación económica a los afectados.
Cada año, en esta fecha, el país no solo honra a las víctimas de los ataques directos, sino también a quienes siguen luchando contra las secuelas invisibles del terrorismo: las enfermedades, el trauma psicológico y las pérdidas prolongadas.

















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