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China e India se disputan el liderazgo del mundo en desarrollo a través de los BRICS

Washington. – China e India se encaminan a disputar el liderazgo y la representación de los intereses del llamado mundo en desarrollo, en medio de las diferencias que mantienen sobre el rumbo que debe tomar el grupo de los BRICS frente al actual orden económico y geopolítico internacional.

China considera a los BRICS una plataforma estratégica para ampliar la influencia de las economías emergentes y desafiar el predominio de Estados Unidos y de las instituciones que han marcado históricamente las reglas del sistema internacional.

Desde esa perspectiva, Beijing apuesta por fortalecer el bloque, ampliar su alcance y convertirlo en un espacio con mayor capacidad para impulsar un orden mundial más multipolar y con mayor peso de las economías del Sur Global.

India, en cambio, mantiene una posición más cautelosa.

Nueva Delhi busca preservar el carácter amplio y flexible de los BRICS, evitando que el grupo se convierta en una alianza abiertamente enfrentada a Estados Unidos o a las potencias occidentales.

Esta diferencia de enfoques coloca a las dos principales potencias asiáticas ante una competencia por definir el papel que los BRICS deben desempeñar en la política internacional y, al mismo tiempo, quién tiene mayor capacidad para hablar en nombre de los países en desarrollo.

Mientras China promueve una mayor coordinación entre los miembros del bloque para reducir la dependencia de las estructuras dominadas por Occidente, India procura mantener abiertas sus relaciones tanto con las potencias occidentales como con las economías emergentes.

El escenario refleja una transformación del equilibrio global, caracterizada por el ascenso de nuevas potencias económicas, el fortalecimiento de alianzas alternativas y una creciente disputa por la influencia política, comercial y financiera en el mundo.

En ese contexto, el futuro de los BRICS podría convertirse en uno de los principales escenarios donde China e India midan sus capacidades para ejercer liderazgo entre las naciones en desarrollo, aunque sus intereses estratégicos no siempre coincidan.

La disputa no se limita al liderazgo dentro del bloque. También plantea una pregunta de mayor alcance: ¿quién tendrá la capacidad de representar los intereses del mundo en desarrollo en un sistema internacional cada vez más fragmentado y competitivo?

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